La noche
del 22 de noviembre la policía belga inició una serie de operaciones coordinadas
antiterroristas en el Grand Place de Bruselas para intentar detener al
terrorista Salah Abdeslam, sospechoso de participar en los atentados de París y en otros compinches. Una operación que requería de mucha
concentración, un enorme despliegue policial y, sobre todo, máximo silencio.